Coaching, Creatividad, Espiritualidad, Imaginación, Psicodrama

La importancia de imaginar


No escribo desde la certeza, sino alrededor de la duda. Titubeante, comparto lo que a ratos de lucidez puedo reconocer en mí y en otros, en una senda de descubrimiento y reconocimiento personal.

Esta pandemia también ha tenido un impacto significativo en mi rutina, apenas sospecho lo que este período representará como transformación personal y de vida.

Buscando miradas distintas, pues siempre he sido muy curioso y me conecta lo diverso, me encontré con los planteamientos del analista Jungiano Robert Bosnak, quien ha estudiado por muchos años el mundo imaginal, a través de su método de “imaginación encarnada” (embodied imagination). En un curso relacionado a formas de enfrentar los tiempos críticos actuales, Bosnak se refirió a la imperiosa necesidad de imaginar, como una vía para integrar lo que es distinto, nuevo, raro.

Esta idea me impactó por mostrarme una posibilidad que yo intuía pero no había logrado articular aún: la imaginación como vía para conectar, comprender o abordar eso que identificamos como lo real. Ahora se trata además de establecer una relación con lo extraño, lo nuevo que es el virus y todo el impacto que ha tenido en la vida humana alrededor del mundo.

En los años recientes he estado experimentando un retorno interior al teatro y el psicodrama, un recorrido personal en el cual he explorado en diversos talleres las posibilidades que ofrece compartir historias, abordar un mito a través de nuestros cuerpos. En un ritual grupal, es posible desarrollar un recorrido significativo por las historias universales que se conectan con nuestras vivencias personales y nos enriquecen (nos expanden).

Yo me había mantenido enfocado en la creatividad, en esa búsqueda metódica que facilita la emoción, es ese proceso estructurado que ofrece el marco perfecto para la expresión libre, al permitir la espontaneidad y el desarrollo de la creatividad, para reinterpretar y recrear los hechos en un movimiento que integra a la memoria en la acción del ahora.

Allí estaba, ante mis ojos, la imaginación (las imágenes, los signos, las experiencias, las emociones) presente, de forma tan evidente que yo no lograba captarla. Ahora entiendo que es una facultad humana absolutamente indispensable para el vivir, el adaptarnos a las circunstancias cambiantes, el reconocernos y encontrarnos; porque sin imaginación, no es posible el encuentro.

Imaginar es el acto que crea el lazo con todos los fenómenos, seres y cosas. Se amplían nuestras percepciones y caen dogmatismos, por lo que intuyo que es también parte central de la vivencia del amor. Cuando imaginamos conectados por entero a esa experiencia, como en los sueños o en los juegos de la infancia, estamos implicados por entero.

Así comprendo hoy lo que Francisco Pancho Salazar nos transmitió durante seis años de entrenamiento actoral en Pantheo: la imagen escénica sólo se produce cuando estamos allí conectando cuerpo, emoción, mente y espíritu.

Creo entonces, tal vez hoy esto sea más pertinente todavía, que todos los seres humanos necesitamos entrenar y experimentar (con un marco concreto) nuestra capacidad imaginativa. Mi hipótesis es que si lo hacemos conscientemente y con las herramientas adecuadas, eso nos conducirá a una vida más plena, con sentido, con conexiones más significativas.

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