Coaching

El Presente


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Seguimos esta serie referida a las 9 maestrías del Coaching, planteadas y promovidas por la International Association of Coaching, revisadas de una forma vivencial y privilegiando el movimiento emocional e imaginativo al trabajar con cada una de ellas. Siguiendo el método planteado me dediqué durante una semana a experimentar mantenerme procesando todo en el presente. Es curioso que me percibí haciendo un esfuerzo por lograr esta propuesta, pues me pregunto dónde más podemos estar si no es en nuestro presente.

Recordemos que venía del proceso de escuchar con compromiso y que antes de ello habíamos estado percibiendo potencialidades sobre la base de la confianza. Mi vivencia ha sido que solamente al conectar con el momento presente todo lo anterior cobra su verdadero sentido. El ahora permite aceptar el devenir constante de nuestra experiencia subjetiva, la actualización indetenible de nuestras percepciones. Desde mi perspectiva se trata de cierta renuncia al “pretender”, al “creer ser” y al “aspirar”.

A veces se concibe el presente como el momento en el cual estamos construyendo el mañana, pero lo que he estado sintiendo está lejos de la idea de edificar, actuar para avanzar hacia algo (una visión que hemos creado). Me parece que podría tratarse de algo muy diferente, y me atrevo a decir que estar en el momento presente y procesar desde ese espacio-tiempo toda la información y estímulos, no consiste en otra cosa que escuchar-nos sin expectativas.

Esta constituye una fase en la cual involucramos todos nuestros recursos perceptivos y el amplio instrumental que tenemos para reconocer nuestras transformaciones interiores. Especialmente se manifiestan las intuiciones, las emociones, las movilizaciones de creencias sostenidas artificialmente, en un movimiento casi instantáneo que nos sacude desde adentro.

Sorprendentemente estar en el presente nos habilita para viajar en el tiempo y renovar la experiencia subjetiva relacionada con nuestros apegos pasados y futuros. Lo que se nos exige al trabajar en el ahora es abrazar la incertidumbre, que contiene posibilidades múltiples, para que pueda emerger lo nuevo a través de la tensión creciente que produce soltar los paradigmas antiguos y aceptar que no estamos en control del futuro. Cualquier otro procesamiento se quedaría en la superficie y fortalecería la distancia existente entre nuestra conciencia y la autenticidad que nos habita.

En este sentido es esta una exigencia inmensa, que requiere un acto de mucho valor, porque demanda abandonar la idea de “lo que creo que fui y lo que creo que seré”, para asumir un estado de no saber, de fluidez con aquello que emerge de forma espontánea a través de nuestra presencia. En un nivel profundo, se experimenta una especie de reconciliación radical con todo lo que fue y lo que será, dado que hay un movimiento intuitivo y creativo que otorga sentido a la experiencia personal.

Todavía diré una cosa más sobre mi experiencia procesando en el presente: lo importante no es el destino, el objetivo o la meta; tampoco el camino recorrido; lo más relevante es la innovadora vivencia de aquello que se va actualizando minuto a minuto, la chispa que se mantiene encendida creando y recreando nuestras posibilidades. Ese flujo indetenible es lo que realmente estamos buscando recuperar, lo demás es ruido fútil sin consecuencia.

Ello también nos permite vincularnos de forma más completa a vivencias compartidas, a la presencia de la naturaleza, de los seres vivos y al devenir del planeta, pues en la medida en que somos más conscientes de nuestra individualidad también lo somos del colectivo. Somos presencia y movimiento constante para la regeneración de todo lo que existe.

¿De qué forma esto se manifiesta en nuestra vida cotidiana? Sobre todo a través del silencio y un profundo sentido de compasión, una flexibilidad radical y adaptación constante a eso que nos saca del camino que creímos era el nuestro. Dicho de otro modo, es en el presente cuando se manifiestan las potencialidades, pero no de la forma en que creemos debe ser (relacionadas con el éxito o la realización de nuestros sueños), sino de la manera en que es (verdaderamente). El fracaso tiene un papel fundamental aquí, porque asienta nuestro ser en una dimensión genuina.

Lo que no deja de sorprenderme es que esto nos lleva al movimiento constante, a la conexión con el profundo sentido de nuestra existencia personal, al sentido de nuestros actos en función de lo que necesitamos y el encuentro con otros, a la realización constante de eso que hemos venido a aportar al mundo.

Aprendizaje, Coaching

Escuchar con compromiso


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En este viaje de conexión y exploración por las Maestrías de la International Association of Coaching (IAC), hemos seguido un método sencillo: nos enfocamos en experimentar cada noción durante un período de 7 a 10 días, para percibir lo que emerge de ese enfoque.

Trabajé recientemente con la tercera maestría: escuchar con compromiso. La vivencia que he tenido ha sido sencilla y profunda, la de estar presente y mantenerme percibiendo los estímulos que provienen tanto del entorno como del mundo interior, sin responder a ello inicialmente, solamente recibiendo información.

Sumado al proceso que traía de percibir posibilidades, el flujo de mi atención se transformó hacia algo más concreto que, sin embargo, no dejó de multiplicarse continuamente. Desde mi experiencia subjetiva podría decir que percibir potencialidades me lleva al mundo de lo sutil, a la fuerza y multiplicidad de todas las posibilidades; mientras que escuchar con compromiso me traslada al devenir de todos los sonidos, movimientos, sensaciones y emociones que van generándose momento a momento.

Dentro de este recorrido tiene mucho sentido entonces la interconexión entre afirmar-expandir el potencial y la escucha comprometida. Este último acto es indispensable para poder dar forma a todo lo que es posible, para elegir, si cabe esa palabra, la potencialidad que se va a desarrollar o a seguir.

Pero la dinámica debe llevar, naturalmente, a procesar en el presente (que es la cuarta Maestría), para darle todavía un contexto más sólido a la dinámica en evolución. Sobre ello ahondaré en la siguiente entrega.

Por lo pronto, quiero quedarme conectado con la escucha, que me exigió suspender cualquier argumento o juicio interno, para poder abrir progresivamente mi percepción a lo que es, a lo que voy recibiendo en ese ámbito limítrofe que es la atención dirigida. En este ejercicio se hace claro que lo que hay adentro y lo que hay afuera está interconectado, en una interacción constante de la cual emergen o en la cual se reflejan las experiencias.

De pronto cada cosa, fenómeno, presencia, incluso las más sutiles, comenzaron a manifestarse con mayor claridad. Los flujos de las relaciones, de los momentos a lo largo del día, cobraron nuevos sentidos y me sentí, curiosamente, más partícipe y co-creador de mi propia experiencia cotidiana.

Con la escucha se abren nuevas dimensiones. Hay una cualidad especial allí, una especie de espera atenta, de la cual emergen otras capacidades, quizás insospechadas. Quizás esto ocurre porque al escuchar necesito dejar de hablar o de prepara mis respuestas, lo que me coloca en una posición vulnerable y de apertura; ello me obliga a conectar con otros recursos y a desarrollar habilidades que había dejado a un lado.

En ese proceso hay un elemento adicional que se ha hecho radicalmente importante: la escucha comprometida me permite ingresar y sumergirme en la perspectiva del otro. Ese otro que no soy yo, que tiene sus particulares perspectivas y vivencias, se abre a través de mi silencio y yo puedo asumir su posición y comprenderle. Se trata de un acto de compasión y conexión profunda en la cual puedo ser aquel que está delante de mí sin dejar de ser yo.

Entiendo que este es el acto transformador del comunicarnos, de donde provienen las posibilidades de cambio del coaching. La escucha ancla las posibilidades en el ámbito intermedio entre el uno y el otro, para que ellas emerjan con su propia fuerza; para ello, el silencio que existe en la escucha debe ser sostenido significativamente, operación a la cual no estamos habituados.

Encontré en el ejercicio una espera y un ritmo más pausado, que no me empuja a buscar soluciones a determinada situación, o a resolver de inmediato una tensión reconocida. Por el contrario, la escucha comprometida me lleva a conectarme más profundamente, percibir con todos mis instrumentos, reconocer la situación en toda su extensión. Sólo así se produce una conexión genuina de la cual la acción resultante será inevitable.

Refinar la escucha, fortalecerla, requiere de valor y paciencia, de fuerza interna y disciplina, para permitir el reconocimiento de otros recursos que aguardan más hondo dentro de nosotros y en las situaciones que atravesamos.

Aprendizaje, Coaching

Percibir potencialidades


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Luego de haber reflexionado sobre el elemento de la confianza, dentro y fuera del ámbito de los procesos de acompañamiento, apoyo y coaching, me conecto ahora con la segunda maestría de la International Association of Coaching: Percibir, afirmar y expandir el potencial.

Aunque específicamente referido a la práctica del coaching en conexión con lo que está presente en el cliente, también abarca el contexto, las distintas situaciones en desarrollo y las múltiples relaciones con las dimensiones internas y externas de la experiencia.

Durante el tiempo que he estado meditando sobre esta noción, he podido percibir que se abren posibilidades infinitas, con una amplitud inconmensurable de aquello que aguarda para manifestarse o crearse. Mi sensación inicial ha sido la de sentirme excedido y abrumado por todo lo que podría ocurrir o presentarse.

Basta realizar el ejercicio de imaginar aquello posible para percatarnos de las innumerables opciones que aparecen, tanto referidas a lo que podemos impulsar o crear, como aquello que acontece fuera de nuestro control y que sin embargo ejerce influencia relevante en nuestro camino.

Percibir las potencialidades conecta, además, el presente de nuestras cualidades actuales con el futuro de lo que podemos generar con ellas y los recursos disponibles o por llegar. Por ejemplo, si tengo una buena voz y soy afinado, yo podría convertirme en un cantante, pero esa probabilidad no solamente es dependiente de mis habilidades o talentos, sino de circunstancias impredecibles que no se han presentado todavía.

Desde esta perspectiva, la idea de que todo es posible me lleva a la experiencia de lo contingente (lo posible y necesario), lo que constituye una noción absolutamente abrumadora que puede generar confusión o indefinición, porque se relaciona a alternativas múltiples sin que haya necesariamente un foco definido.

Se hace necesario entonces pasar por un proceso de discernimiento entre las potencialidades internas y externas, en el juego constante entre futuro y presente. De este modo, aunque acepto la afirmación de que todo tiene potencia (todo es posible), el elemento crucial es aquello a lo que le brindo mi atención y le doy mi energía.

La distinción es factible cuando se basa en un propósito que se define internamente primero, una intención subjetiva que podría ser, en algunos casos, difícil de comunicar. La dirección que me abrirá a potencialidades específicas no viene solamente de objetivos y metas definidas concretamente, sino también de percepciones intuitivas, emocionales y sensoriales que son procesadas subjetivamente, que constituyen mi original concepción de las cosas y formas de actuar.

De este modo llego a comprender que la idea de una potencialidad natural podría estar asociada a un llamado personal, que es la base de nuestras realizaciones a lo largo de la vida. Dicho de otro modo, percibir, afirmar y expandir nuestro potencial se convierte en un proceso consistente de fortalecimiento de lo que nos es propio, de lo que es auténtico.

En este punto me sorprende que el siguiente paso, para mí, es un acto de recogimiento y no de expansión. En esta línea de reflexión llego a la sensación de que, para realmente abordar las potencialidades, necesito ir hacia dentro y mantenerme presente, para reconocer aquello que es importante y necesario (la idea de lo contingente) para mí.

No es necesario malgastar energías yendo detrás de todas las cosas o de cualquier meta. Mejor es evitar aquella idea de que la vida es un ascenso indetenible y que una vez alcanzado cierto logro debo ir a otro mayor.

Conectar y reconocer las potencialidades es ir tras una energía que es difusa, poco específica y sumamente dinámica, por lo cual se requiere de un esfuerzo especial para dirigirla . Entonces se hará posible identificar la clave específica de mis posibilidades particulares, reconocernos para poder producir el movimiento que se nos hace indispensable y que forma parte de nuestra búsqueda.

Finalmente nuestra mayor potencialidad podría ser parecernos cada día más a quienes somos, alcanzar una expresión más genuina y auténtica de nosotros mismos.

Sin dudas, hay que tender puentes entre lo interior y lo exterior, entre la forma y el fondo; entre el pasado, el presente y el futuro.

Aprendizaje, Coaching

Una relación de confianza


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La confianza es un bien especialmente valioso, esencial para todas las relaciones que tenemos en nuestra vida, especialmente las más cercanas. Tiene asociado un elemento de vulnerabilidad que se manifiesta como liberación de defensas y armaduras pesadas que, en ocasiones, nos distancian de nuestra expresión más genuina.

Durante este año (2020), he tenido el privilegio de acompañar, en procesos de apoyo y contención emocional, a muchas personas que están enfrentando situaciones sumamente desafiantes, producto de los cambios y las exigencias impuestas por la crisis de la COVID-19. En esta dinámica, los aprendizajes han sido múltiples y valiosos, también los retos constantes para crear un espacio de confianza adecuado.

Entre las herramientas y los marcos técnicos que me han sido de utilidad en el proceso, están las 9 Maestrías de la International Association of Coaching – IAC. Hoy inicio una revisión subjetiva sobre sus planteamientos, abordando de manera intuitiva, y reflexionando sobre mi vivencia, la primera de ellas: establecer y mantener una relación de confianza.

Las resonancias que tiene este planteamiento inicial son muy relevantes y en un abordaje rápido resaltan la noción de confianza. Sin este elemento, difícilmente hay contacto genuino y movimiento. Confiar implica reconocer aquello que no está bajo nuestro control, para ceder espacios que permitan que las cosas (los aprendizajes, las transformaciones) ocurran.

No es un proceso necesariamente sencillo, porque hay una fina línea en momentos de crisis que diferencia entre una confianza ciega que lleva a la inacción y otra que impulsa a la reflexión y a la acción. En una relación de apoyo, acompañamiento, facilitación o coaching, la confianza se percibe primero desde adentro, porque reafirma la capacidad de los actores involucrados en una situación determinada para abordar el conflicto o desafío, buscando alternativas para enfrentarlo, resolverlo o transitarlo.

Generalmente se asocia este aspecto de la confianza con reconocer que siempre es posible crecer, cambiar, desarrollar nuevas visiones, en una dinámica que puede sorprender y está llena de posibilidades. En mi experiencia, también está asociada a la conexión emocional y el conocimiento intuitivo, que nos apoyan en el tránsito de territorios desconocidos.

Allí encontramos otro elemento esencial: el que se refiere a la relación. Si lo abordamos específicamente en la interacción entre el coach y el coachee, se refiere entonces al vínculo que se genera dentro del proceso como la base para la transformación que ambos actores experimentan. Es una conexión de interdependencia que fortalece la autonomía de cada uno.

Si lo trasladamos a todas nuestras relaciones, notaremos que la confianza es algo emergente que no le pertenece a ninguna de las partes pero que los involucra a todos. La confianza no se controla, no se demanda, sino que requiere apertura y escucha, un reconocimiento de las particulares cosmovisiones de los otros.

Cuando nos enfocamos en la relación se hace imposible dejar de reconocer que allí donde surge la confianza también aguardan las contradicciones: la duda, la suspicacia, la inevitable aparición de las oscuridades e incertidumbres de toda persona y todo vínculo.

El andar por los territorios a veces sombríos del autodescubrimiento, requiere del valor y la confianza de reconocer temores, rabias, frustraciones y soledades. La relación y el estado de confianza dependen de las vivencias interiores de cada persona y su capacidad para, aun cuando se comentan errores o emerja la negatividad, mantener un estado de conciencia abierto y de reconocimiento de las propias heridas y limitaciones.

Una relación de confianza se sostiene por el compromiso implícito (o explícito) de crecer juntos, por el esfuerzo sostenido de no herirnos a nosotros o a los otros. Aceptación, apertura, flexibilidad, son base para una relación de confianza que abra el espacio para transformaciones genuinas. Constituye, además, una red de seguridad para momentos de crisis profunda.

Visto así, establecer y mantener una relación de confianza constituye un desafío cotidiano, en el cual cada acto suma al conjunto de percepciones que fortalecen o debilitan el vínculo, siendo este también un reflejo interior de los involucrados, de sus anhelos, visiones y juicios. La complejidad sólo se soporta por la certeza del compromiso ético y el esfuerzo honesto por mantener la interacción enfocada en la superación de la crisis, el bienestar y el desarrollo.

Coaching, Comunicación, Creatividad, Imaginación

Imaginación: de lo interior y lo exterior


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Recientemente, revisando notas, me encontré con notas y libros que han sido muy significativos para mí y que he ido integrando a mi cosmovisión de tal modo, que por momento olvido que constituyeron cambios de perspectiva.

Lo primero fueron unos poemas que había perdido, escritos en tiempos de mi adolescencia y que fueron productos del dolor causado por un amor no correspondido. Recordé que su rechazo, su indiferencia, me hirió en el justo lugar para empezar a tocar las cosas con otros nombres.

Ese sufrimiento adolescente me cambio la forma de ver y sentir, al generar ecos infinitos que me permitieron comenzar a escribir, componer versos y registrar historias que más tarde podría compartir. En otras palabras, aquella vivencia me llevó a ser consciente de mi capacidad de imaginar y crear.

El otro material que apareció ante mis ojos, de consulta más reciente, es el libro de Susan Cain titulado QUIET. Allí también encontré ideas muy interesantes relacionadas con los talentos, la sensibilidad, la imaginación y la creatividad, generada desde la riqueza del mundo interior.

“De acuerdo al psicólogo Mihaly Csikszentmihalyi, quien entre 1990 y 1995 estudió las vidas de noventa y un personas extraordinariamente creativas en arte, ciencias, negocios y gobierno, muchos de ellos fueron marginados durante la adolescencia, en parte porque una intensa curiosidad y un interés enfocado parecían raros para sus pares.”

De este modo, he podido conectar dos ideas que me parecen relevantes:

  1. La conexión emocional es esencial para el trabajo con la imaginación. Esta nos implica por entero, nos produce sensaciones y despierta nuestra comprensión.
  2. El proceso de abordar nuestras imágenes y nuestra facultad creativa requiere de tiempo a solas, de mirar hacia dentro.

Creo que solamente en una fase posterior se puede compartir con otros lo que se genera en ese proceso, para percibir las resonancias que va generando la propia búsqueda y sus hallazgos.

El reconocimiento del mundo interior y la relación con otros en el afuera, facilitará la elaboración de las propias experiencias y la generación de imágenes transformadoras y significativas.

Es por ello que considero tan esencial el abordaje de la imaginación y la creatividad en nuestras vidas.

Coaching, Creatividad, Espiritualidad, Imaginación, Psicodrama

La importancia de imaginar


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No escribo desde la certeza, sino alrededor de la duda. Titubeante, comparto lo que a ratos de lucidez puedo reconocer en mí y en otros, en una senda de descubrimiento y reconocimiento personal.

Esta pandemia también ha tenido un impacto significativo en mi rutina, apenas sospecho lo que este período representará como transformación personal y de vida.

Buscando miradas distintas, pues siempre he sido muy curioso y me conecta lo diverso, me encontré con los planteamientos del analista Jungiano Robert Bosnak, quien ha estudiado por muchos años el mundo imaginal, a través de su método de “imaginación encarnada” (embodied imagination). En un curso relacionado a formas de enfrentar los tiempos críticos actuales, Bosnak se refirió a la imperiosa necesidad de imaginar, como una vía para integrar lo que es distinto, nuevo, raro.

Esta idea me impactó por mostrarme una posibilidad que yo intuía pero no había logrado articular aún: la imaginación como vía para conectar, comprender o abordar eso que identificamos como lo real. Ahora se trata además de establecer una relación con lo extraño, lo nuevo que es el virus y todo el impacto que ha tenido en la vida humana alrededor del mundo.

En los años recientes he estado experimentando un retorno interior al teatro y el psicodrama, un recorrido personal en el cual he explorado en diversos talleres las posibilidades que ofrece compartir historias, abordar un mito a través de nuestros cuerpos. En un ritual grupal, es posible desarrollar un recorrido significativo por las historias universales que se conectan con nuestras vivencias personales y nos enriquecen (nos expanden).

Yo me había mantenido enfocado en la creatividad, en esa búsqueda metódica que facilita la emoción, es ese proceso estructurado que ofrece el marco perfecto para la expresión libre, al permitir la espontaneidad y el desarrollo de la creatividad, para reinterpretar y recrear los hechos en un movimiento que integra a la memoria en la acción del ahora.

Allí estaba, ante mis ojos, la imaginación (las imágenes, los signos, las experiencias, las emociones) presente, de forma tan evidente que yo no lograba captarla. Ahora entiendo que es una facultad humana absolutamente indispensable para el vivir, el adaptarnos a las circunstancias cambiantes, el reconocernos y encontrarnos; porque sin imaginación, no es posible el encuentro.

Imaginar es el acto que crea el lazo con todos los fenómenos, seres y cosas. Se amplían nuestras percepciones y caen dogmatismos, por lo que intuyo que es también parte central de la vivencia del amor. Cuando imaginamos conectados por entero a esa experiencia, como en los sueños o en los juegos de la infancia, estamos implicados por entero.

Así comprendo hoy lo que Francisco Pancho Salazar nos transmitió durante seis años de entrenamiento actoral en Pantheo: la imagen escénica sólo se produce cuando estamos allí conectando cuerpo, emoción, mente y espíritu.

Creo entonces, tal vez hoy esto sea más pertinente todavía, que todos los seres humanos necesitamos entrenar y experimentar (con un marco concreto) nuestra capacidad imaginativa. Mi hipótesis es que si lo hacemos conscientemente y con las herramientas adecuadas, eso nos conducirá a una vida más plena, con sentido, con conexiones más significativas.

Aprendizaje, Coaching, Creatividad

La resiliencia de ser dinámicos y creativos


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Avanzar, insistir, perseverar, superar obstáculos manteniendo foco, impulsando, usando los recursos personales para ir más allá de las dificultades que puedan presentarse. Podríamos pensar en estos atributos como los esenciales para que el ser humano logre sus objetivos y se realice, alcance sus metas y experimente la felicidad. Esta perspectiva es visualizar los procesos como una línea recta de causa y efecto, una aproximación constante a nuestro propósito.

Sin embargo, como sabemos, la vida es más un garabato. La línea de los acontecimientos se vuelve curva, se quiebra, cambia de dirección y realiza giros inesperados, lo que nos obliga a estar atentos y adaptarnos continuamente a circunstancias cambiantes. ¿Qué nos hace entonces persistir para realizar nuestros proyectos? ¿De qué manera nos hacemos más fuertes frente a los retos que se nos presentan?

Una vía relevante es la flexibilidad, lo cual se convierte en fortaleza en la medida que podemos adaptarnos a una realidad sumamente dinámica, cuyos cambios se producen de manera cada vez más acelerada. Ser resiliente es tener la capacidad de mantenernos en procesos de transformación constante, en relación con los demás y los ecosistemas de los que somos parte.

Fortalecer nuestra resiliencia requiere ser más creativos y aceptar que no podemos generar una estabilidad que sea sinónimo de inamovilidad o estancamiento de ciertas variables. Todo seguirá evolucionando continuamente y por ello necesitamos de pensamiento y prácticas innovadoras, para seguir conduciendo nuestras propias vidas con entusiasmo y claridad, siendo los generadores de los resultados que esperamos.

¿Cómo desarrollamos o fortalecemos este tipo de resiliencia? ¿Cómo nos hacemos más dinámicos y creativos? Aquí les comparto algunas respuestas a estas preguntas:

  • Lo primero es reconocer que nuestra naturaleza es ser dinámicos y creativos, que tenemos todo lo necesario para ser flexibles y adaptarnos a los cambios, o incluso para generarlos a través de nuestras decisiones o movimientos.
  • Entender que la creatividad es la generación de nuevas respuestas a circunstancias dadas, siempre generando las acciones desde adentro. Esto quiere decir que el ser genuino es una base esencial de la creatividad.
  • El movimiento es el centro de la vida. Todo lo que vive respira y evoluciona, de modo que constantemente estamos en vibración, circulación, oscilación. Una forma de conectarnos con ello es respirar de manera consciente y observar lo que nos rodea.
  • Hay muchos tipos de creatividad, de modo que una idea novedosa puede venir del pensamiento, de la intuición o incluso de una manifestación emocional. La inspiración se puede conceder también como experiencia espiritual. Todas estas formas creativas están en nosotros, siempre disponibles.
  • Por lo anterior, hay formas de activar nuestra creatividad: el pensamiento creativo producto del análisis y la revisión de experiencias del pasado; la inteligencia emocional que nos permite crear en relación con otros; el impulso de la intuición que proviene del silencio y la contemplación; la inspiración que puede aparecer en un momento de elevación personal durante la meditación o la oración.
  • La acción específica es un paso indispensable para traer la idea, intuición, emoción o inspiración creativa a la realidad. Desde escribir un poema, crear una canción, resolver un problema social, reparar una máquina o inventar un código de programación, todas son acciones con distintos niveles y formas de creatividad.
  • En nuestra vida cotidiana, somos creativos constantemente, lo cual es importante reconocer: imaginar una nueva ruta para movernos por la ciudad y evitar el tráfico, encontrar mejores precios para nuestros insumos, solventar desafíos en el trabajo, mantener la comunicación con nuestra familia, crear nuevas relaciones, organizar el día de productividad, encontrar la película que queremos ver, todos son pequeños actos de innovación personal, que van fortaleciendo nuestras capacidades si lo hacemos intencionalmente.

Finalmente, me gustaría compartir esta idea: como somos seres integrales y todos los niveles de nuestra existencia están conectados, un movimiento en un área genera avances en todas. Esto implica que sólo el pensar en la resiliencia como ser dinámicos y creativos ya produce un nivel de transformación en nosotros, que implica no solamente al pensamiento sino también a los otros ámbitos de nuestra existencia.

Si quieres explorar tu capacidad creativa y para la innovación, si quieres fortalecer tu resiliencia, puedes contactarme.

Aprendizaje, Coaching, Comunicación, Creatividad

Comunicaciones de ALTO IMPACTO


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¿Qué significa lograr un alto nivel de impacto en nuestras comunicaciones? ¿Cómo podemos lograr los resultados que esperamos de nuestras interacciones?

Muchos de nosotros visualizamos y deseamos esa posibilidad, la de realizar presentaciones y desarrollar procesos de comunicación en los cuales generemos un alto impacto en los demás, logrando que se sumen a nuestros proyectos, nos den su apoyo o sencillamente compren nuestros servicios o productos. Por supuesto, existe una amplia gama de técnicas, podríamos decir infinita información disponible por fuentes diversas sobre cómo llevar una negociación exitosa, cómo persuadir, de qué manera vender con mayor eficacia, incluso a propósito de ser más influyentes y ganar amigos en nuestro quehacer diario.

Todo ese material es sumamente valioso y hace énfasis en metodologías bien organizadas, que han demostrado buenos resultados en su implementación. Desde mi punto de vista, el siguiente paso es también de gran importancia: es indispensable integrar todas esas técnicas con nuestros modos naturales de expresión, conectarlos profundamente con nuestra identidad de modo que lo más espontáneo y seguro para nosotros sea aquella forma de comunicación que más alto impacto genera.

Es allí donde considero que está el desafío mayor: en el desarrollo de la creatividad como vía para una expresión más genuina, la integración de nuestro ser para una comunicación coherente en lo roles que ejercemos en los ámbitos personal y profesional, en la fluidez y seguridad personal que se produce cuando logramos interacciones con base en nuestros valores.

La forma en que visualizo este proceso tiene como punto de partida el reconocimiento de mi propósito personal, lo que me servirá de guía para identificar los roles que juego en mi vida, como personajes en una trama que va desarrollando una narrativa íntima que nos puede llevar a la realización. A partir de allí, todos los elementos están dados para el entrenamiento expresivo sobre la base de las técnicas escénicas, aquellas que utilizan actores y actrices en el escenario, su puesta en juego nos permitirá realmente integrar todos los elementos técnicos de forma dinámica y completa, teniendo como resultado el aprendizaje de formas de comunicación para lograr mayor impacto e influencia.

Esto no es una fórmula mágica, tampoco una seria de trucos para comunicarnos mejor, se trata de un proceso sólido y profundo, basado en el aprendizaje significativo y vivencial, que constituirá un punto de referencia para continuar desarrollando las habilidades personales de expresión año tras año.

Comparto algunas recomendaciones para este recorrido:

  • Define tu propósito personal, en función del servicio que quieres brindar a los demás o el impacto que deseas causar en el mundo. Puedes crearlo en la forma de una frase concreta, descubrirlo como algo que ya estás manifestando en tus interacciones personales y profesionales, o incluso identificarlo como un impulso emocional o una certeza intuitiva. El modo en que el propósito se manifiesta depende de tus características personales y la forma en que procesas información.
  • Identifica los roles que juegas en tu vida, para darte cuenta que cada uno te exige formas distintas de expresión y habilidades de comunicación muy particulares. Seas padre/madre, gerente, director/directora, hijo/hija, profesor/profesora, facilitador/facilitadora, médico, en cada uno de esos roles hay exigencias que tú te impones o que provienen de las expectativas sociales generadas en torno a esos papeles. Al verlos con mayor claridad podrás afinar los aspectos base de su funcionamiento y ver qué partes de tu ser se conectan de forma más natural con cada uno de ellos. Hacer esta distinción es sumamente liberador.
  • Descubre tu narrativa personal, que es un contenido que no siempre hacemos consciente y nos guía de forma automática en una dirección que no siempre es la deseada. Tomar el control de nuestras comunicaciones interpersonales requiere comprender cuál es la historia que vamos desarrollando, al hacerlo consciente nos ponemos en posición de realizar cambios en ella y guiar nuestra narrativa hacia el lugar que queremos, lo cual fortalece todas nuestras interacciones y relaciones.
  • Practica nuevas formas de expresión y comunicación, de modo que amplíes tu rango expresivo y flexibilices la forma en que asumes tus interacciones con otros, para obtener los mejores resultados y sentirte a gusto con el proceso. Aquí es donde empiezas a fortalecer tu creatividad y espontaneidad -entendida como la respuesta genuina, que se da desde adentro, lo cual el otro percibe como una forma de comunicación poderosa-.

Si quieres saber más sobre esta metodología de trabajo o entrenarte para lograr una comunicación de ALTO IMPACTO puedes comunicarte conmigo o registrarte en este programa individual en el cual pondremos las técnicas del trabajo del intérprete escénico al servicio de tu expresión.