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Comunicación: una dinámica de percepción


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IMG00118-20120204-1405Hay tantos elementos subjetivos que abordar  en el Arte de la Comunicación Presencial y la Oratoria, que no puedo hacer otra cosa que aproximarme a ellos instintivamente. Ha resultado sumamente interesante  y enriquecedor  el concebir  gran parte de mi trabajo como un proceso de percepción, uno que requiere altos niveles de apertura  y una suspensión de los prejuicios.

Progresivamente, a lo largo de estos 10 años de ejercicio profesional, he venido comprendiendo que no hay algo que pueda considerarse como bueno o malo a priori cuando se trata de los modos de expresión de una persona o sus formas de comunicación. Hay otra aproximación que resulta muy útil: todo depende de lo que quiera lograrse en la audiencia. Partiendo de esta idea, cualquier elemento puede ser apropiado o inapropiado.

Se acostumbra a trabajar sobre el orador y sus habilidades técnicas considerando audiencia, contexto y circunstancia, y esto lo considero adecuado y necesario. Pero muy a menudo se olvida que ello apunta más a la flexibilidad y capacidad de adaptación del Comunicador u Orador que de un análisis exhaustivo sobre el público y lo que rodea a la presentación. Abordar los aspectos de Audiencia, Contexto y Circunstancia es más, y he aquí el énfasis, un acto de percepción y escucha para la acción que un proceso de recolección y análisis de datos.

Por eso para mí es fundamental trabajar perceptiva e intuitivamente, y enfocarme en el desarrollo de la espontaneidad y creatividad del Orador. Ello requiere de máximo compromiso, conciencia de la intención y del propósito comunicativo, además de conexión con el propio instrumental expresivo.

He allí un camino profundo y fértil de trabajo e investigación en el campo de la Comunicación Humana. Este es nuestro camino.

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Comunicación Oral, Creatividad y Desarrollo Humano (II)


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LA HISTORIA PERSONAL Y EL JUEGO DE ROLES

Hay un enfoque considerado revolucionario en el campo de la psicoterapia, y es el del psicodrama. Esta visión del ser humano, esta práctica de psicoterapia de grupo, este modo de ver los vínculos y las interacciones humanas, ha transformado el modo en que se conciben los procesos de Comunicación. 
El psicodrama plantea que el yo se constituye a través del juego de roles. Todo lo que hacemos puede ser considerado como el ejercicio de un rol, los distintos modos que tenemos de relacionarnos con los otros: siendo hijos, hermanos, amigos, padres, alumnos, maestros, profesionales, técnicos, alcaldes, gerentes, etc. Como puede inferirse, el rol es un conjunto complejo de modos de actuar y generar vínculos con los otros y el entorno. 
Este paradigma nos lleva a ver el mundo como un gran escenario, nuestra vida como una película, pues todo lo que experimentamos se desarrolla como distintas escenas, en contextos diversos y con personajes que nos complementan: desde los adversos hasta los que apoyan nuestras acciones. 
Por ello el psicodrama es tan adecuado y versatil para desarrollar entrenamientos de alto impacto y valor para presentadores, oradores y actores, yendo mucho más allá de lo técnico básico, para generar fuertes experiencias en niveles más profundos, que permiten un real desarrollo de habilidades creativas y de comunicación. 
Existen enfoques relativos al mundo de la Comunicación que nos permite integrar a nuestra práctica los ejercicios y la dinámica propia del psicodrama. Uno de los más resaltantes es el Narrative Paradigm (Walter Fisher), cuyo planteamiento fundamental es que toda nuestra comunicación es símbolo de una historia que vamos contándonos, y que todas nuestras experiencias las tenemos y las comprendemos como situaciones con sus propios inicios, conflictos, personajes, puntos de giro y finales.
 Podemos usar estos enfoques para abordar el desarrollo de habilidades expresivas y de comunicación, y esta es una de las bases de mis planteamientos y mi trabajo actual: trabajar sobre cada pieza de comunicación, cada acto expresivo, cada momento de relación con otros, como parte de una historia que se está contando o representando (experimentando), considerando a los involucrados como actores de esta narración, por lo cual es fundamental reconocer y clarificar el rol que se tiene en cada caso. 
Desde el punto de vista del presentador, orador o comunicador, el énfasis está en esta conciencia, y cómo ello incide significativamente en la efectividad de la interacción, o en el impacto del mensaje que se está elaborando. Es posible así identificar aquellos elementos relativos al rol y que pueden estar en conflicto con características personales de quien lo ejerce, lo cual genera un efecto negativo en el acto expresivo. 
Esto abre todo un nuevo camino de trabajo y aumenta posibilidades de avance y aprendizaje. Mis comunicaciones son un reflejo de lo que soy, y del modo en que me relaciono conmigo y mis particulares contenidos; al pensar en el rol que tengo en un acto de comunicación particular, considero las motivaciones existentes, las creencias en movimiento, las exigencias sociales, aquello que se ha vuelto rígido y las posibilidades de realizar modificaciones sobre todo ello para encontrar formas expresivas más libres, espontáneas, pertinentes o impactantes. 
Sin perder de vista lo concreto de la interacción: objetivos específicos, contenido que será abordado, organización de la información, resultados esperados, confianza o seguridad personal, así como todos los aspectos técnicos relativos al ritmo, postura, gesto y voz; se recorre un territorio mucho más fértil para cambios y evolución en los modos de comunicación y los procesos de relación. Este territorio, además de lo ya mencionado, incluye la posibilidad de reconocer la historia que se quiere contar, y los roles que le hemos asignado a las demás personas involucradas.
A partir de este enfoque y con las técnicas del psicodrama podemos experimentar todas las dimensiones de la situación: los pensamientos que nos produce, las emociones que emergen en torno a ella, las sensaciones, todo lo que nos impulsa y a la vez nos bloquea. Ello se realiza en escena, se practica como una ficción creada, una realidad subjetiva en el ahora, con infinitas posibilidades. A través de técnicas como el reveso de roles, el espejo, el doblaje, la multiplicación dramática, entre otras, podemos ampliar nuestra visión y aumentar significativamente nuestro repertorio expresivo y nuestras posibilidades de comunicación. 
Este es, desde mi punto de vista, el verdadero trabajo sobre la Comunicación Presencial y sobre la Expresión Creativa. Presentador, orador, comunicador o actor, ¿cuál es, en esencia, la búsqueda? tener la conciencia de nuestras posibilidades de expresión, lograr conexión con el contenido que elaboramos y con el cual queremos a su vez conectar a otros; así trasladarnos a un ámbito común, el del encuentro transformador, a veces sutil, otras demoledor, siempre poderoso en lo profundo. 
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Comunicación Oral, Creatividad y Desarrollo Humano (I)


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Mis primeras aproximaciones al aprendizaje de laComunicación Oral estuvieron vinculadas a la expresión y la creatividad propias de la acción escénica, específicamente en los ámbitos del teatro universitario y comunitario. Antes de llegar a pretender ser actor o director profesional, lo cual todavía disto mucho de alcanzar, he estado varios años dedicado a la reflexión sobre el teatro como medio para impulsar el desarrollo humano: más conciencia del propio instrumental expresivo, reflexión sobre temas que movilizan a un individuo y a una comunidad, recuperación de la memoria colectiva, expresión de inquietudes y diálogos sobre temas de interés común. Todo ello en un proceso que llevaría (quizás haya llevado en algunos casos) a la articulación de subjetividades y a la comprensión de la propia circunstancia desde un lugar donde es posible actuar para generar algún tipo de transformación.
Desde esa experiencia y perspectiva me lancé al trabajo sobre la Comunicación Oral, a diseñar y desarrollar entrenamientos en Oratoria y en Expresión. Apelé a los libros propios de este oficio, observé el trabajo de algunos expertos; así fue que identifiqué los primeros elementos sobre los que se hace énfasis: estructuración del discurso, manejo del lenguaje, principios de argumentación, elementos no verbales de la comunicación (dicción, gestual, manejo de la voz, postura, ritmo, contacto visual, entre otros).
Aunque esto me ha ofrecido una plataforma segura y un conjunto de elementos observables y concretos para el trabajo en este campo, reconozco que en los últimos seis años ha venido creciendo en mí una profunda sospecha en torno a la efectividad de este enfoque, y aceptando lo necesario del abordaje de esos elementos técnicos, me he estado planteando otros aspectos desde una perspectiva mayor; algo que podríamos entender como asuntos esenciales del acto de comunicación oral.
Ubico en primer lugar la intención o propósito para realizar un acto de comunicación presencial tal como una presentación o discurso público, lo que involucra tanto lo que motiva ese intercambio como la necesidad de expresarle algo a otras personas. En segundo término encontramos elementos subjetivos vitales como: la conexión con la dimensión emocional, el nivel de relación con el contenido, la integración y seguridad personal del orador o presentador. Estos son los primeros elementos a ser abordados y los iniciales para lograr avances reales en la capacidad de comunicación de cualquier individuo.
Es así que podemos dar paso a otros aspectos de este trabajo: la identificación y superación de los estereotipos, la revisión de prejuicios, la determinación de temas de interés o que generan inquietud; todo ello como vías de contacto y creación de vínculos con los otros, en el entorno del acto de comunicación.
Finalmente, encontramos la trascendencia del trabajo en elementos de más exigencia técnica como la creación de imágenes, la puesta del instrumental expresivo propio al servicio de la transmisión de un contenido, la emergencia de ideas y propuesta de acciones compartidas, la generación de confianza y de vínculos, el fortalecimiento de la memoria colectiva
Este proceso, que parte del individuo, su claridad de propósito, seguridad personal, hacia el grupo o comunidad, en la generación de imágenes y posibilidad de acciones a través de vínculos vigorizados, nos permite percatarnos de la relevancia del acto de comunicación, de las exigencias técnicas que implica y la pertinencia de su aplicación. Esta perspectiva nos permite actualizar contenidos que, de otro modo, quedarían en la repetición automática de unos modos expresivos que siguen allí sólo porque “la tradición” indica que son los modos “correctos”, pero no porque entendemos la urgencia de saber comunicarnos.
En mi experiencia abordar el proceso de la Comunicación Oral de este modo, amplía significativamente la creatividad, las posibilidades de aprendizaje y desarrollo de la expresión, facilita la generación de un verdadero contacto en el acto de relación con otros y, lo que creo sumamente necesario en estos tiempos, intenta superar las formas preconcebidas y artificiales de comunicación cara a cara.
Todo ello apunta a una comunicación con sentido, donde los imaginarios se movilicen hacia relaciones más humanas con los otros y la realidad que compartimos.
En próximos trabajos desarrollaré más estas ideas. 
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De Dónde Vienen las Buenas Ideas


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Se trata de un anuncio del libro de Steven Johnson, pero su contenido es realmente interesante, y resalta la relevancia que tiene la conectividad (las oportunidades crecientes de interacción y comunicación) en los procesos creativos y de innovación.

http://www.youtube.com/v/NugRZGDbPFU?fs=1&hl=es_ES

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Los Hábitos de la Felicidad


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Sencilla y profunda presentación, desarrollada con fluidez y que ofrece claves claras sobre uno de los elementos que mejor permite el fluir de nuestras comunicaciones: la neutralidad, que Matthieu Ricard aborda como entrenamiento de la mente a través de la meditación.

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Teatro Espontáneo


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En mi trabajo sobre la comunicación presencial y la expresión, he encontrado que las técnicas del teatro espontáneo y el psicodrama son de mucha utilidad y tienen impacto en el proceso de apertura y expansión, por ello les invito a leer esta seria de trabajos. El documento completo, del cual vienen esta serie de escritos, se obtiene haciendo click sobre su título, que es este: Apuntes sobre Teatro Espontáneo y Psicodrama. También puedes leer todos los trabajos de este blog sobre Psicodrama.

El teatro espontáneo es un proceso de creación colectiva, originado en Viena en la década de los 20, de la mano de J. L. Moreno, con el propósito de revitalizar la creatividad y fortalecer las relaciones y roles sociales. Consiste en la escenificación de situaciones que surgen espontáneamente, sin preparación previa; no hay dramaturgo ni actores en el sentido tradicional; todos los participantes cumplen con estos roles siendo a la vez dramaturgos, intérpretes escénicos y narradores.

“Consiste, básicamente, en la narración de historias a cargo de las personas que asisten a la función. Las historias son representadas, en el mismo momento, por un grupo de actores entrenados, incluyendo la improvisación, la música y la danza. Esos lugares luego pueden ser ocupados por miembros de la audiencia que quieran actuar las historias narradas”. (Garavelli, 2003)

Un grupo de personas se encuentra en un espacio cualquiera, para compartir y representar sus propias historias. Una primera mirada sobre el Teatro Espontáneo nos permite percibirlo como un ritual, donde la improvisación es su característica esencial, para poder generar una experiencia vital y orgánica. Los participantes se relacionan a través de la palabra hablada, el movimiento corporal, los sonidos y la música, para recrear historias compartidas en su íntima subjetividad.

En el Teatro Espontáneo existen técnicas concretas, normas de funcionamiento y un marco conceptual relativo a la condición del ser humano y al trabajo grupal, que tienen como propósito recuperar nuestras historias.

“Su objetivo es el de recuperar al sujeto protagonista de su historia, crear un posicionamiento crítico frente a modelos impuestos, recuperar el lazo social perdido, crear un espacio de resistencia cultural mediante la pertenencia a un conjunto creativo”. (Argurete, 2009)

La premisa detrás de la práctica del teatro espontáneo es la necesidad de recuperar la memoria humana en los niveles individual, grupal y social, considerando que la evolución de los medios masivos de difusión de información y los avances tecnológicos han producido una dislocación en las imágenes y registros colectivos, así como los desplazamientos sociales, las migraciones, los conflictos multinacionales han tenido impacto negativo profundo en el sentido de pertenencia, los valores culturales y el desarrollo humano.

Se ha convertido en un desafío para nosotros, hombres y mujeres de este tiempo, darle sentido a nuestras particulares experiencias. Estamos constantemente inundados por imágenes prefabricadas e inconexas que nos intoxican con fantasías irrealizables. Estereotipos, ideas distorsionadas en torno al éxito o al fracaso, se constituyen en afectadas e hipertrofiadas aproximaciones a la realidad.

El Teatro de la Espontaneidad puede constituir espacios para recuperar la experiencia de creación, en un acto colectivo que fortalece los vínculos entre los participantes y de estos con su propia experiencia y particulares visiones.

“Su objetivo último es la creación de un hecho estético, un acto de resistencia a la cultura impuesta, una provocación a una existencia conformista, un intento terapéutico de lo colectivo, una incursión por nuestra improvisación creativa, el placer infinito de escuchar historias al uso de nuestra infancia, cuando nos ayudaban a dormir conjurando todos los miedos”. (Argurete, 2009)

Desde su creación, la técnica del Teatro Espontáneo tiene como uno de sus propósitos recobrar la vigencia del trabajo escénico como vía de relación dinámica entre los seres humanos, como forma de reconexión entre aquello vital a la experiencia subjetiva (imágenes, sueños, deseos, temores, impulsos) y los factores socioculturales, históricos, elementos colectivos que afectan y son a su vez afectados por los hombres en su individualidad.

Según lo relata su creador J.L.Moreno, el Teatro Espontáneo “se convirtió en un lugar de reunión de los descontentos y los rebeldes, la cuna de la revolución creadora entre 1922 y 1925”. Y de allí, de esos años de experimentación y práctica, surgen las bases del trabajo con la improvisación escénica, la espontaneidad, vinculadas a técnicas dramáticas para el aprendizaje de roles, así como la psicoterapia de grupo y la terapéutica de representaciones espontáneas.

Actualmente, una sesión de teatro espontáneo posee una estructura concreta para su realización. La característica esencial sigue siendo la misma como punto de partida: no hay libreto o texto preconcebido; la compañía de actores y actrices han trabajado previamente improvisando distintos roles, los músicos ensayan tonalidades diversas para mejorar su nivel de acoplamiento, el director guía las improvisaciones.

El público es el portador de las historias que serán representadas. Uno de sus integrantes, voluntariamente, comparte una historia con todos los que allí se han congregado, permite el acceso a un relato de su memoria personal. Casi simultáneamente, la acción escénica comienza a desarrollarse, combinando la presencia de intérpretes de la compañía teatral con aquellos de la audiencia que han decidido pasar al espacio y apoyar la representación. Los músicos generan la ambientación adecuada para cada escena, y progresivamente la historia cobra vida propia, a veces yendo más lejos, mostrando detalles que el narrador no había comentado, revelando nuevas alternativas de acción, revitalizando cada acto al conectar pasado y presente vivo.

La propuesta de los Teatros de la Memoria, desarrollada en Argentina por el Dr. Gustavo J. Aruguete , es una referencia de la vigencia que en nuestros tiempos tiene este tipo de prácticas. La iniciativa del llamado Teatro de la Memoria, que sigue siendo una manifestación del teatro espontáneo, responde al aislamiento que vive el individuo en la ciudad contemporánea, con un debilitamiento evidente de los lazos sociales y de la solidaridad, dificultades para reconocerse en su coetáneo y mucho menos de afirmarse en una individualidad vinculante y dinámica.

Frente a un sujeto y un colectivo sin historia, que ha entrado en un movimiento frenético de inmediatez y superficialidad, se coloca la práctica de este tipo de teatro como una alternativa que recupera el valor del diálogo y la creatividad humanas, que promueve la reelaboración de lo intersubjetivo como posibilidad generadora de alternativas ante los desafíos del presente.

El Teatro Espontáneo permite “reconstruir el pasado y dar significados al presente” , juego de creación que consiente volver a mirar desde distintos lugares la realidad, renovando así la facultad que el individuo tiene de darle algún sentido o significado.

Una típica sesión de Teatro de la Espontaneidad se desarrolla así:

1. Presentación a la audiencia del método de trabajo creativo que se realizará, así como los roles relativos al mismo: audiencia, actores, director, etc.
2. Realización de juegos dramáticos a modo de caldeamiento o preparación para el trabajo posterior.
3. Narración de relatos por parte de la audiencia, selección de algunos sucesos a ser representados.
4. Desarrollo escénico del o los relatos seleccionados, transformados ahora en dramaturgia, con la participación de personas del público y otros actores de la compañía.
5. Combinación de escenas reales con otras provenientes de las fantasías de los presentes, acontecimientos simbólicos, nuevos personajes que no necesariamente estaban en los relatos originales. Multiplicación dramática de imágenes que facilitan la interconexión de aspectos de las historias que ya se han manifestado.
6. Diálogo de todos los presentes, con respecto a la experiencia compartida y las resonancias que en su mundo subjetivo han tenido.

Como ha podido notarse, el Teatro de la Espontaneidad, siendo la base del trabajo de J.L.Moreno, nos ofrece un instrumental de trabajo creativo y escénico, además de una amplia perspectiva sobre el rol del sujeto y del grupo en la dinámica de recuperación su historia e identidad, y en la generación de respuestas ante los retos de nuestro tiempo.

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Expresión, Creatividad y Psicodrama III (Una experiencia con actores en formación)


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En diciembre de 2009, año que está por terminar, culminaron los talleres de psicodrama que he venido guiando en el Centro Integral de Capacitación Actoral (CICA). De agosto a diciembre estuve trabajando con tres grupos, con el propósito general de facilitar una dinámica conducente a que los participantes tomaran mayor conciencia sobre sus formas expresivas, encontraran vías para ser más espontáneos y creativos en su trabajo escénico, lo que por supuesto tiene además un impacto en sus modos de relación con otros.
Una sesión semanal, dos a tres horas en cada encuentro, tiempo dedicado a explorar posibilidades a través del psicodrama. Lo primero que propuse, siguiendo mi particular esquema de trabajo, es que cada integrante del curso planteara un objetivo de trabajo personal. La mayor parte de ellos tuvieron relación con: “lograr una mayor conexión emocional”, “aumentar la flexibilidad”, “alcanzar la relajación en escena”, “fluir en mis expresiones”, “atreverme a tomar mayores riesgos”, “trabajar en mejorar mis niveles de concentración”, entre otros; todos ellos son ejemplos de lo que puede abordarse con las técnicas del psicodrama, cuando se utilizan con fines concretos de entrenamiento y aprendizaje.
A partir de estas búsquedas personales, que fueron siempre anclas o puntos de referencia para los trabajos escénicos, cada grupo estableció líneas temáticas, desafíos y posibilidades diferentes:
– En primer lugar estuvo presente EL JUEGO, como vía de aprendizaje y forma de reconocer patrones establecidos que impiden un mayor grado de espontaneidad y creatividad. En uno de los grupos esta fue una constante, con la añadidura de continuas referencias a la niñez y a las dinámicas que se generan en las celebraciones infantiles, los intercambios en carreras o búsquedas como en “el escondite” o “la ere”. Esos juegos los colocaron en modos específicos de estar y compartir que hacían evidentes sus tendencias a: respetar o romper las reglas, divertirse o jugar con rigidez, entregarse al juego o calcular resultados, compartir o competir, imaginar posibilidades o producir aburrimiento.
El desarrollo del juego, el movimiento sostenido de esta energía de niños en uno de los grupos, llevó a contactar con algunos aspectos esenciales del vivir: aparecieron escenas relacionadas a la experiencia de la sensualidad, la vergüenza, el contacto con el cuerpo en movimiento para conectar mi atención y la de otros, y finalmente al movimiento y la voz como formas de compartir sensaciones, sin buscar ninguna elaboración intelectual.
Todos estos aspectos, como podrá notarse, están íntimamente ligados tanto a los objetivos particulares propuestos, como a un primer nivel de trabajo sobre el arte de la actuación.
– Algunas sesiones fueron dedicadas a explorar las creencias y expectativas que sobre la actuación tenían los participantes. Esto sirvió, desde mi perspectiva, para liberar algunas tensiones, expresar descontento con ciertos aspectos del funcionamiento actual del teatro y la televisión en el país, así como para plantear sueños y visiones sobre su futuro en este oficio.
– También tuvimos la oportunidad en dos de los tres grupos de pasar por distintas etapas de la vida: de la infancia pasamos a la adolescencia y luego a la vida adulta, con todo lo que ello implica en términos de responsabilidades, de búsqueda de solidez económica, de claridad en la forma en que se ejerce un oficio y se lleva la vida productiva y familiar. A través de estos recorridos dimos con otros temas relacionados, como la continuidad o ruptura con las tradicionales prácticas familiares, la apuesta por riesgos personales ante la necesidad de hacer un camino propio de vida y la superación de desafíos profundos y significativos en lo referente a lo laboral, lo económico, lo relacional y la salud. Es difícil manifestar con palabras lo que se estuvo moviendo en esta zona de trabajo, porque se plantearon retos y riesgos personales de mucha profundidad, se tocaron tensiones y cristalizaciones que han producido mucho dolor en quienes las han experimentado, se abrió allí, en algunas de las sesiones, lo más humano en todos los presentes.
A través de esta exploración por las distintas etapas de la vida, pudimos contactar toda una gama de emociones vinculadas a esa paradoja humana que es una existencia cargada de dolor que se hace por ello con un sentido profundo y real, volviéndose una manifestación hermosa de nuestra condición, despertándose la compasión en los presentes.
Desde mi perspectiva, esto ofrece la oportunidad de encontrar un sentido mayor al oficio y arte de la interpretación escénica. Aunque no siempre se alcance o logre conectar este sentido, la opción está allí generada por la experiencia compartida en la improvisación y el juego de roles.
– El cuarto elemento que fue abordado en estos cursos de psicodrama fue la conexión y movimiento emocional, de dos maneras sencillas: a través del cuerpo y en la relación con otros. Esta además es un área de importante aprendizaje para mí, pues me exige apertura y relajación física, contacto genuino y disposición al encuentro.
Si uno de los actores o actrices del grupo manifestaba un bloqueo emocional, lo más sencillo era llevarlo a establecer una relación con su cuerpo: respirar, ubicar sus sensaciones de forma clara y específica, dejar que el cuerpo se moviera en relación con esas sensaciones. Entonces la emergencia de la emoción, cuando está presente, es inevitable.
Otro camino consistía en el contacto con algún compañero de trabajo. Una mirada, algún toque con las manos u otras partes del cuerpo, una frase dicha de forma directa y expresando algo sencillo (los rebuscamientos y las formas adornadas no sirven para nada en estos casos), eran acciones con la suficiente fuerza para abrir la conexión real entre dos individuos, y entre cada uno de ellos y su dimensión emocional.
No es necesario que añada mucho más sobre la importancia que este trabajo tiene para el oficio del actor.
– Todavía creo reconocer en la última etapa del trabajo algunos temas más que aparecieron en la dinámica de todos los grupos. Las preguntas sobre el futuro fueron inevitables en las sesiones finales, y con ellas la nostalgia, la conciencia de muerte (con su ansiedad y temor) y la incertidumbre hicieron su entrada.
Apareció la necesidad de despedirse, de plantearse próximos pasos, pero sobre todo de limpiar los espacios presentes, acomodar la casa de hoy como punto de partida. Fue curioso para mí observar como en este nivel del proceso se manifestaron dos fenómenos: por una parte las escenas se hicieron más abstractas, aumentando la presencia de símbolos y alejándose más de la literal representación de situaciones cotidianas, se trataron más situaciones internas que se hacían presentes, se desarrollaban y culminaban sin lógica aunque con sentido; por otro lado, aparecieron elementos que se alejaban de lo individual (sin obviarlo) y se acercaban más a temas culturales y colectivos. Como ejemplo de este último fenómeno puedo citar sesiones donde trabajamos el sentido de la Navidad, o abordamos imágenes relativas al abuso de poder y la tortura, desarrollamos escenas sobre la despersonalización del trabajo en grandes corporaciones, el consumo o la tensión entre expectativas sociales y definición de un modo más genuino y personal de vida, entre otros.
CREO IMPORTANTE registrar, finalmente, que todo este proceso no se dio sin resistencias.  Todo ello fue acompañado de tensiones producidas por el miedo a la apertura emocional, cierta tendencia a superficializar el trabajo (tanto el psicodramático como el actoral), dificultades para encontrar un objetivo individual, evasión de ciertos temas que podían afectar creencias personales o la imagen frente a los otros integrantes del grupo, por sólo mencionar algunos. Nada de lo mencionado como tema o línea de trabajo fue inducido, sin embargo, sino que emergió espontáneamente a lo largo de las sesiones, como parte de un proceso compartido con mayor o menor conciencia por los integrantes de cada grupo.
Estas dificultades, que señalo sólo como un hecho y con profundo respeto, unidas a mis propias resistencias y puntos ciegos como facilitador del proceso, me permiten entender lo desafiante de este tipo de trabajo, ubicado en un punto intermedio y delicado, donde el objetivo es facilitar un conjunto de experiencias que sean de utilidad al actor, quien inevitablemente está llamado a conocerse, recorrerse y contactarse; es importante no perder de vista que esta labor no es un fin en sí misma, sino un medio, una técnica para un objetivo mayor, de alto nivel de exigencia: la actuación.
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Expresión, Creatividad y Psicodrama II


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En la práctica privada, durante las sesiones de Coaching, he utilizado técnicas psicodramáticas para abordar situaciones que el cliente identifica como amenazas en sus procesos de comunicación, personas y espacios concretos que coartan su expresividad y por lo tanto entorpecen la manifestación de sus ideas, emociones o visiones respecto a una situación determinada.

Dedico gran parte del trabajo a identificar, desde distintos niveles, aquello que limita o bloquea la comunicación del individuo de distintos modos, teniendo presente la perspectiva de que lo que ocurre afuera también está ocurriendo adentro. Así podemos ver las escenas e interrelaciones del cliente como reflejo de un entramado de personajes que coexisten en su interior. Esta es una forma de aproximación eminentemente psicodramática.

Un cliente puede tener como objetivo de trabajo lograr mayor impacto en su ámbito laboral, así que empezamos a idenificar qué ocurre en sus interacciones y sus recorridos por el trabajo que evitan que esa intención se realice; dicho de otro modo, nos interesa identificar qué puede hacerse diferente o en qué situaciones está presentándose un desafío mayor para poder reconocer formas de actuación que no están produciendo los resultados esperados.

Podemos entonces, en la sala de trabajo, crear la escena específica donde se manifestó el bloqueo, en la cual se frustró el objetivo de mayor impacto. Entrar en esa situación, utilizando cualquier espacio para recrear la situación seleccionada, permite abrir un espacio para la experimentación de nuevas posibilidades, habiendo reconocido primero lo que ha ocurrido en la “realidad”.

Esta realidad creada en el ahora que es la escena, es reconocida por una parte del individuo como totalmente verdadera, de modo que los cambios que ejerza allí tendrán efecto en su vida fuera del espacio de asesoría. Se integran con facilidad las dinámicas del psicodrama: el juego y cambio de roles, los soliloquios, los doblajes (que generalmente hago en mi papel de asesor), todo ello permite que el cliente reciba información de utilidad para sus interacciones.

Se hace indispensable que el cliente perciba, además de sus pensamientos, sus sensaciones físicas, sus reacciones corporales (hasta las minúsculas), el surgimiento de emociones (incluso las sutiles), las inflexiones de su propia voz en esa situación, y todo lo que se manifiesta en un ámbito no del todo conciente pero que en la escena puede ser explorado en detalle.

Este registro de sensaciones, emociones, pensamientos y acciones es lo que permite elaborar y trabajar en la situación, y a través de ella abordar los aspectos intrasubjetivos que están bloqueando o impidiendo el flujo de la comunicación.

La experiencia me ha venido mostrando que el arte de la comunicación presencial e interpersonal requiere del autoconocimiento, como eje fundamental del proceso de aprender nuevas formas expresivas; además este es un ámbito en el cuál sólo pueden generarse cambios o integrarse técnicas a través de la práctica activa, por medio del involucramiento total del individuo en una situación desafiante de interacción con otros.

Este trabajo escénico, a través de técnicas del psicodrama, permite un aprendizaje más completo, que incluye todas las dimensiones de una persona. Por otro lado, es concebido como un lugar y práctica de entrenamiento constante, para generar cambios paulatinos e irlos probando a medida que suceden, en un ambiente seguro.

Todo esta dinámica es aplicable a cualquier ámbito de la vida (laboral, personal, familiar) y a múliples objetivos vinculados a la comunicación presencial e interpersonal. Estos son algunos de los objetivos que me plantean mis clientes: ser más flexible en mi comunicación con otros; ejercer mi capacidad de liderazgo; expresarme con más seguridad; desarrollar fortaleza en mi expresión; ser más asertivo y menos directivo en ocasiones; ser más conciliador; entre muchos otros. Ello puede hacerse presente en el espacio laboral, personal familiar, personal íntimo.

Para todo ello, el trabajo escénico ofrece posibilidades infinitas. Tener la experiencia, involucrar cuerpo y emociones a la labor racional es una importante clave para aprender y avanzar. Después de todo, se trata de comunicación y expresión.

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Expresión, Creatividad y Psicodrama I


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Inicio con este texto una serie de artículos dedicados al tema de la creatividad en la expresión, y el psicodrama como técnica para su desarrollo.

Actualmente estoy trabajando con diversos grupos, en contextos diferentes, centrado en el impulso a la expresión creativa y espontánea, utilizando para ello diversas formas de improvisación escénica, con el psicodrama como núcleo del trabajo que venimos desarrollando.

Lo más básico en esta línea de trabajo, es que el surgimiento de la creatividad está vinculada a estados de profunda conexión interna, que sólo se producen si existe el adecuado estado de concentración y relajación.

El principal obstáculo que enfrentamos entonces es aquello que nos resta espontaneidad: la mente racional, los cálculos lógicos que generalmente hacemos para conducirnos de forma adecuada en nuestra cotidianidad, la ansiedad por anticiparnos a lo desconocido y mantener todo bajo control. Todo ello se traduce en fuertes tensiones emocionales y corporales.

En mi experiencia la primera etapa es observar, percibir o contactar con esas tensiones, esas dificultades para expresarme. Es un momento del trabajo en el cual me doy cuenta de cómo se manifiesta el obstáculo, de qué manera lo percibo (sensaciones físicas, movimiento interno, ideas repetitivas) y cuál es mi reacción habitual ante eso.

Esta información acerca de la manera en que el bloqueo a mi expresión espontánea y creativa se manifiesta, me permitirá ubicar o determinar un objetivo de trabajo y tener información suficiente para el desarrollo de la exploración posterior. No se trata necesariamente de plantearnos superar esos bloqueos o resolver las dificultades, tampoco es necesario entender por qué se presentan esas dificultades, lo relevante es percibir o sentir lo que pasa, cómo pasa y cuál es su dinámica.

Al tener la experiencia de las tensiones que aparecen cuando inicio una acción creativa, cuando me abro a percibir el mundo y a establecer contacto con otras personas, en otras palabras cuando tomo el riesgo de la comunicación, vislumbro mejor la forma en que mis recursos expresivos se encuentran disminuidos y limitados.

En la escena psicodramática esta primera etapa es la de jugar y mover las situaciones que hacen referencia a esa dificultad expresiva, indagar en la acción sobre aquello que me ocurre con situaciones concretas, de modo que pueda reconocerlo con claridad cada vez que se manifieste. Dicho de otro modo: se trata de generar la identificación y la confrontación con aquello que no me permite manifestar mi potencial creativo y mi espontaneidad.

La intención no es comprender o explicar lo que ocurre, sino tener la experiencia de eso que es incertidumbre para mí: el potencial de la nueva respuesta a la situación habitual, las posibilidades de acciones diferentes a las situaciones de siempre. Todo ello debe percibirse claramente en las sensaciones físicas, el cuerpo es el mejor instrumento de registro.

Si se suprime el afán por resolver, comprender, analizar o explicar lo que sucede, entonces existe la posibilidad de encontrar vías de abordar lo que se esté trabajando en el momento. La tensión o limitación a la espontaneidad y la creatividad, que es nuestro primer elemento de trabajo, cobra nueva vida y provoca el acceso a recursos expresivos más profundos, al manifestarse en escena de múltiples formas y mostrar por sí misma matices insospechados.

Aparecen así imágenes, personajes, situaciones fuera de lo habitual, todo lo que permite hacer metáforas y colocar la atención en otro ámbito: es el uso de la imaginación dinámica para crear nuevas posibilidades de comunicación conmigo y con otros.

El juego escénico es el que permite y facilita este proceso, y la técnica del psicodrama ofrece posibilidades para experimentar con todos los sentidos y las emociones disponibles eso que vivimos como tensión. Habiéndolo reconocido con el cuerpo, empieza entonces el recorrido hacia nuevas e inesperadas maneras de expresión, pero eso es ya la siguiente etapa del proceso.

Intentaré luego publicar algunos ejemplos de este trabajo antes de pasar a contar como se desarrolla la segunda fase.