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Expresión, Creatividad y Psicodrama I


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Inicio con este texto una serie de artículos dedicados al tema de la creatividad en la expresión, y el psicodrama como técnica para su desarrollo.

Actualmente estoy trabajando con diversos grupos, en contextos diferentes, centrado en el impulso a la expresión creativa y espontánea, utilizando para ello diversas formas de improvisación escénica, con el psicodrama como núcleo del trabajo que venimos desarrollando.

Lo más básico en esta línea de trabajo, es que el surgimiento de la creatividad está vinculada a estados de profunda conexión interna, que sólo se producen si existe el adecuado estado de concentración y relajación.

El principal obstáculo que enfrentamos entonces es aquello que nos resta espontaneidad: la mente racional, los cálculos lógicos que generalmente hacemos para conducirnos de forma adecuada en nuestra cotidianidad, la ansiedad por anticiparnos a lo desconocido y mantener todo bajo control. Todo ello se traduce en fuertes tensiones emocionales y corporales.

En mi experiencia la primera etapa es observar, percibir o contactar con esas tensiones, esas dificultades para expresarme. Es un momento del trabajo en el cual me doy cuenta de cómo se manifiesta el obstáculo, de qué manera lo percibo (sensaciones físicas, movimiento interno, ideas repetitivas) y cuál es mi reacción habitual ante eso.

Esta información acerca de la manera en que el bloqueo a mi expresión espontánea y creativa se manifiesta, me permitirá ubicar o determinar un objetivo de trabajo y tener información suficiente para el desarrollo de la exploración posterior. No se trata necesariamente de plantearnos superar esos bloqueos o resolver las dificultades, tampoco es necesario entender por qué se presentan esas dificultades, lo relevante es percibir o sentir lo que pasa, cómo pasa y cuál es su dinámica.

Al tener la experiencia de las tensiones que aparecen cuando inicio una acción creativa, cuando me abro a percibir el mundo y a establecer contacto con otras personas, en otras palabras cuando tomo el riesgo de la comunicación, vislumbro mejor la forma en que mis recursos expresivos se encuentran disminuidos y limitados.

En la escena psicodramática esta primera etapa es la de jugar y mover las situaciones que hacen referencia a esa dificultad expresiva, indagar en la acción sobre aquello que me ocurre con situaciones concretas, de modo que pueda reconocerlo con claridad cada vez que se manifieste. Dicho de otro modo: se trata de generar la identificación y la confrontación con aquello que no me permite manifestar mi potencial creativo y mi espontaneidad.

La intención no es comprender o explicar lo que ocurre, sino tener la experiencia de eso que es incertidumbre para mí: el potencial de la nueva respuesta a la situación habitual, las posibilidades de acciones diferentes a las situaciones de siempre. Todo ello debe percibirse claramente en las sensaciones físicas, el cuerpo es el mejor instrumento de registro.

Si se suprime el afán por resolver, comprender, analizar o explicar lo que sucede, entonces existe la posibilidad de encontrar vías de abordar lo que se esté trabajando en el momento. La tensión o limitación a la espontaneidad y la creatividad, que es nuestro primer elemento de trabajo, cobra nueva vida y provoca el acceso a recursos expresivos más profundos, al manifestarse en escena de múltiples formas y mostrar por sí misma matices insospechados.

Aparecen así imágenes, personajes, situaciones fuera de lo habitual, todo lo que permite hacer metáforas y colocar la atención en otro ámbito: es el uso de la imaginación dinámica para crear nuevas posibilidades de comunicación conmigo y con otros.

El juego escénico es el que permite y facilita este proceso, y la técnica del psicodrama ofrece posibilidades para experimentar con todos los sentidos y las emociones disponibles eso que vivimos como tensión. Habiéndolo reconocido con el cuerpo, empieza entonces el recorrido hacia nuevas e inesperadas maneras de expresión, pero eso es ya la siguiente etapa del proceso.

Intentaré luego publicar algunos ejemplos de este trabajo antes de pasar a contar como se desarrolla la segunda fase.

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Superando el Miedo Escénico


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El Miedo Escénico parece ser uno de los obstáculos más importantes que enfrenta cualquier persona en situación de comunicación o expresión (oradores, actores y cualquier otro tipo de intérprete escénico). Propongo algunas claves para su abordaje y superación.

El fenómeno llamado “miedo escénico” es experimentado la mayor parte de las veces como un bloqueo significativo que disminuye la capacidad de expresión espontánea y de comunicación adecuada con otros. Aunque generalmente se reconoce como una emoción básica, este temor se manifiesta tanto en el ámbito del pensamiento -tomando la forma de sentencias y fantasías negativas-, como en el del cuerpo -sudoración exagerada, ausencia o exceso de salivación, temblor, tensión generalizada, respiración caótica, etc.-, de modo que se trata de un estado que toma al individuo integralmente.Se presenta además de forma tal que parece autónomo, un conjunto de reacciones que no pueden ser controladas por aquel que las sufre, quien se resigna a ser afectado por ellas y a sufrir las consecuencias de ello: la parálisis total o parcial, la baja calidad del discurso o presentación, la disminución de la fluidez y del impacto de la intervención, entre otras.

Existen sin embargo formas de trabajar el miedo escénico y superarlo. Algunas de estas formas son:

1. Cambiar la forma de percibirlo, reconociéndole como un aliado antes y durante nuestras intervenciones o actuaciones frente a cualquier audiencia. El miedo escénico puede ser una vía para conectarnos con todo nuestro instrumental expresivo, con la audiencia y con la circunstancia. Cuando sentimos miedo frente a una amenaza real (alguien que viene a atacarnos, un perro enfurecido) nuestros sentidos se agudizan y la sangre fluye por todo nuestro cuerpo con mayor fuerza para que las extremidades respondan con mayor rapidez (para huir o enfrentar); del mismo modo, una dosis de miedo escénico antes y durante una presentación nos mantiene más alertas y con los sentidos despiertos en función de la tarea que vamos a realizar. Lo importante aquí es que este temor no nos sobrepase o abrume.

2. Sustituir las fantasías o creencias negativas por otras que nos impulsen más en la tarea. La labor sobre la mente requiere de disciplinas específicas: preparación adecuada del discurso, visualización de la situación de presentación, meditaciones para calmar el flujo de pensamientos, la construcción y repetición de frases que apoyen una visión positiva y optimista de mi presentación, entre otras.

3. Observar y alinear las emociones, a través del reconocimiento del modo en que se manifiestan, el uso del pensamiento y la visualización creativa para una mejor conexión con los impulsos y movimientos internos.

4. Preparar el cuerpo a través del movimiento y de la relajación muscular. El uso consciente de la respiración es vital en este sentido, pues permite al cuerpo expandirse y oxigenarse en función de alcanzar un estado de mayor balance.

5. Practicar y realizar simulaciones, presentando distintas opciones de la situación y contexto en los cuáles realizaremos nuestro discurso o presentación.

Algo sumamente interesante del miedo escénico, es que es justamente la energia que el sentirlo o sufrirlo produce, lo que permite realizar una buena presentación oral, dado que son las emociones una vía de contacto real conmigo y con otros, así cómo el impulso que perite sostener un discurso.

Más que superarlo, creo que la clave es usarlo o, dicho de otro modo, experimentarlo de la forma más completa que nos sea posible, para impulsarnos a través de esa energía en movimiento a un contacto más profundo con nosotros y con otros. De esta manera se irá transformando en otro tipo de emoción, que nos permita un desarrollo óptimo de nuestras capacidades de comunicación.

El Miedo Escénico es la señal de un camino de autoconocimiento y evolución de nuestras aptitudes expresiva, por ello no puedo recomendar “trucos” para solventarlo, sino el desarrollo de un método para su abordaje real:

I. Hay que observar claramente cuándo se manifiesta y percibir específicamente cuál es su intensidad y forma de moverse, lo cual puede reconocerse a través del seguimiento de las sensaciones presentes (generalmente viene acompañado de sensaciones específicas, como por ejemplo el hueco sobre la boca del estómago, temblor, respiración caótica, entre otros).

II. Reconocer con total honestidad aquello que está produciendo y amplificando ese temor: creencias repetidas (tales como “no sirvo para esto”, “mi voz es muy chillona” o “no se lo suficiente”), fantasías negativas, desconfianza.

III. Practicar constantemente las formas de abordar el miedo escénico que se mancionaron anteriormente: meditar, respirar, estirar el cuerpo, hacer simulaciones, repetir pensamientos y fantasías que alienten y apoyen, etc.

La exploración y el contacto con el Miedo Escénico puede convertirse en un rico y profundo camino de aprendizaje. Sentirlo tenerlo es signo de un alto nivel de compromiso y sensibilidad en la situación de contacto presencial con otros.