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Aprendizaje, Comunicación, Creatividad

Liberar la expresión: cuatro claves


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Es cierto, queridos amigos, he pasado por un tiempo de silencio. Reza un dicho popular “en casa de herrero, cuchillo de palo”, palabras que expresan de una manera sencilla lo que he experimentado durante la segunda mitad del 2017: tanto trabajar en comunicación ha hecho que deje de lado una parte de mi expresión personal, que la producción de textos en torno a las ideas y el desarrollo de reflexiones sobre los procesos de interacción humana cesara momentáneamente.

Ha sido un silencio interesante y necesario, impuesto en parte por las circunstancias. No crean que es algo que ha pasado solamente en los 6 meses recientes, en realidad es algo que viene moviéndose desde hace más de 3 años, cuando me convertí en un migrante e inicié una nueva etapa profesional. La vida ha dado para mi un vuelco inmenso desde ese instante que ahora se ha convertido para mi en un hito, un punto de quiebre con todo lo anterior y en muchos niveles, aunque por supuesto no en lo esencial.

Las vivencias van sumándose en mi interior, ofreciéndome una perspectiva más amplia de la vida y de lo que implica la comunicación humana, con el aspecto cultural en el centro. La diversidad que me ha sido dada en conocer, así como las múltiples oportunidades para desarrollar talleres y charlas a favor de la armonía y la paz, del entendimiento y la integración, han cobrado para mi un valor cada vez mayor.

Por esto hoy, en mi última publicación del año 2017, quiero compartir con ustedes algunas ideas que considero clave para el mejoramiento de nuestra capacidad de comunicación y entendimiento con otros, como un obsequio y una muestra de agradecimiento por lo aprendido en los meses recientes. Para mi esta es una base útil para la liberación de nuestra expresión:

  1. No todo depende de nuestra voluntad. Es evidente pero muchas veces pretendemos que estamos en total control de lo que hacemos y lo que nos sucede. La mayor parte del tiempo, esta ilusión de control, la idea de que como individuos decidimos nuestro destino y determinamos nuestra suerte, produce fuertes tensiones y malos entendidos con los otros, pues esperamos que ellos actúen de acuerdo a nuestro criterio, respondan de una manera determinada y sigan por el camino que en nuestra mente hemos creado para ellos; esta tensión nos limita y coarta nuestra libertad expresiva. En cierto sentido, negamos la realidad de que hay fuerzas en pugna en el marco de nuestra realidad, voluntades que se contraponen a la nuestra y que juntas producen un movimiento que no está completamente bajo nuestro dominio. En la medida en que aceptemos esto, nos haremos más tolerantes y comprensivos, primero con nosotros mismos y luego con los demás, lo que aumentará la eficacia de nuestras interacciones y, paradójicamente, hará que aumente nuestra influencia, pues sabremos reconocer con más sabiduría la tendencia que llevan los acontecimientos, así como las posibilidades de adaptarnos o responder a ello.
  2. Escuchar, escuchar, escuchar. Esta clave es constante en mi trabajo y en mis textos, en los procesos de comunicación humana el aspecto central no es el habla o la producción de contenido, sino la percepción o escucha. Saber recibir, esperar, procesar la información que percibo y luego producir algo nuevo con ello, es el ejercicio donde la comunicación cobra su ideal nivel de creatividad, de generación de algo de valor para mi y para otros. Porque todo acto de comunicación, que es cooperación, es en realidad una acción creativa que transforma las percepciones y por lo tanto la realidad.
  3. Somos responsables de lo que comunicamos y generamos. Que no todo dependa de nuestra voluntad, como expresé anteriormente, no significa que no tengamos nada que hacer y que debamos entregarnos de manera pasiva a los acontecimientos. En realidad, hay mucho que está en nuestras manos, porque somos seres creativos y creadores. Nuestra fluidez emocional, el respeto que mostramos por nosotros y los demás, el balance en nuestra expresión, la comprensión que podemos alcanzar, todos son elementos fundamentales y están en el campo de nuestras decisiones voluntarias.
  4. El desbalance es una constante. Porque buscamos equilibrio y armonía, el desbalance es inherente a la existencia humana. Cualquier expresión, movimiento de nuestro cuerpo o gestos para acompañar una idea, el sonido de nuestra voz o la articulación de las palabras, constituye un juego de pérdida de equilibrio para generar el movimiento que produce la expresión. Por ello es esencial la noción del desbalance, en la medida que buscamos volver a un punto en el cual todo vuelve a su centro para retornar al movimiento al segundo siguiente y así sucesivamente, en el marco de nuevos encuentros. Esto constituye la dinámica de la comunicación, que puede entenderse como un ciclo que evoluciona.

Todo lo que comparto hoy con ustedes ha surgido además de mis propias inquietudes por el tiempo de silencio en este espacio, por la confrontación que se produce en mi interior por el deseo de decir más, de compartir y aprender en este ejercicio, de seguir apostando por una comunicación para la paz y el encuentro humano, para la generación de armonía y entendimiento en el mundo.

Este año muchos me han inspirado, me han acompañado sin saberlo porque he sido espectador de sus logros, de sus aciertos, de su apertura, del surgimiento de su ser verdadero para compartir aquello que les apasiona y en lo que florecen con toda su luminosidad. Es a todos ellos, a todos ustedes, a quienes dedico este deseo de un feliz año lleno de afecto y esperanza y un 2018 de potencialidades y descubrimientos.

Gracias por estar, por comunicar, por compartir.

Comunicación

Comunicar: dar sentido y cooperar


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El asunto de definir, descubrir o encontrar un propósito u objetivo mayor para impulsar nuestras habilidades de comunicación, no es algo menor o tangencial, por el contrario se trata de un elemento esencial, el núcleo mismo del acto de comunicación.

Enfocados en la técnica, en los avances tecnológicos, en las inmensas posibilidades que ofrece el aprendizaje en el manejo del discurso y la comunicación no verbal, nos hemos olvidado de lo esencial: la razón por la cual nos comunicamos. Al pasar del tiempo la motivación de la supervivencia ha ido quedando atrás, de modo que en la actualidad podemos interactuar en una ausencia total de sentido, sin requerir mayor cooperación, incluso en ausencia de cualquier interlocutor porque podemos mirarnos a través del espejo que son las redes sociales, en un juego narcisista que tiende a eternizarse.

Sin propósito no hay intención consciente, sin lo cual el encuentro humano se vacía de sentido, se hace vacuo e inútil, cayendo los significados en el territorio de multiplicidad de interpretaciones: sin fondo, la forma no se sostiene y puede mutar para complacer las más diversas visiones en su afán de vender y aumentar el número de seguidores y “likes”.

Pero si queremos mejorar nuestra capacidad expresiva, si deseamos aumentar el impacto de nuestros actos de comunicación, aumentar los niveles de cooperación en los ámbitos personal y profesional, es necesario emprender un nuevo recorrido cuyo elemento central es la conexión con un propósito mayor, a partir de lo cual es posible una mejor conexión con la propia identidad y la dirección que toman nuestras interacciones.

El proceso pasa por al menos estos tres elementos:

(1) Dar sentido: incluso si no se logra una respuesta concreta y definitiva, el ejercicio de plantearse preguntas al respecto de manera constante es fundamental. ¿Por qué estamos aquí, en esta vida y circunstancia, en este territorio y con estas personas? ¿Qué hemos venido a hacer o aportar? ¿Cuál es la visión que tenemos hoy de nuestra existencia?

(2) Identificar el rol: ¿Cómo se manifiestan las ideas que tenemos sobre el papel que tenemos en el entorno donde nos desenvolvemos? Visualizar el lugar que ocupamos y el aporte que hacemos en ese ámbito. Como padres, hermanos, hijos; como trabajadores, empleados, obreros, responsables de atención al cliente, gerentes, directivos consultores.

(3) Conectar la propia expresión: A partir de los elementos anteriores podremos comprender mejor el camino para el desarrollo de una técnica. El trabajo sobre la voz, sobre la intención, el ritmo, la estructuración del discurso, entre muchos otros elementos, cobra su real espacio de relevancia cuando existe una inquietud base, un sentido de lo que hacemos y las razones que nos movilizan a comunicarnos para alcanzar mejores niveles de cooperación.

Estamos excesivamente ocupados en los efectos, en los resultados en términos de un éxito momentáneo y superficial. Parece que olvidamos que toda técnica requiere una ética que la sostenga y le permita desarrollarse. En el tiempo de la fama transitoria que permiten los medios y las redes sociales, nos enfocamos únicamente en “demostrar” facultades que no se sostienen en verdaderos resultados, la efectividad se vuelve así un engaño del cual todos somos cómplices.

Al pensar en la dinámica de la comunicación en los ámbitos de la vida privada y pública, en los niveles de credibilidad de las instituciones del Estado, en el papel de la publicidad en la configuración de nuestra percepción del mundo, nos percatamos de la importancia que tiene el desarrollo de este tipo de reflexión en individuos, grupos y comunidades.

Comunicarnos mejor pasa por trascender la inmediatez del aplauso para buscar la perdurabilidad de una visión compartida, la creación de una ruta sólida para fortalecer capital social. Todos somos líderes en nuestro ámbito y podemos ejercer influencia en este camino.